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lunes, 19 de enero de 2015

Buenos Aires (Argentina), la segunda casa de los gallegos

#Día 10: Había llegado a la capital Argentina después de nueve horas de autobús. Por fin estaba en la ciudad del extranjero donde hay más gallegos hay por metro cuadrado. 


#Día 10: Chegara á capital Arxentina despois de nove horas de autobús. Por fin estaba na cidade do estranxeiro onde hai máis galegos por metro cadrado.


Mi ruta por Argentina. Doce días, 2.136 kilómetros recorridos y muchas anécdotas

Buenos Aires, la tierra prometida de principios del Siglo XX. Por todos es sabido lo ligada que está la historia de Galicia con Argentina, el país que le dio cobijo a numerosos republicanos, intelectuales o simples trabajadores que huyeron de España para poder darles un mejor futuro a sus hijos, vivir en libertad y encontrar un empleo que les permitiese comer. En esa época al menos un tercio de los gallegos subieron en un barco y partieron hacia las Américas.

Bos Aires, a terra prometida a comezos do século XX. Por todos é sabido o ligada que está a historia de Galiza coa de Arxentina, o país que axudou a numerosos simpatizantes coa República, intelectuais ou simples traballadores que fuxiron de España para poder darlles un mellor futuro aos seus fillos, vivir en liberdade e atopar un emprego que lles permitise comer. Nesta época polo menos un terzo dos galegos subiran a un barco e partiron cara as Américas.


La emigración, la única salida para muchos gallegos

Familias enteras cruzaban el charco
Muchos no regresaron a su tierra...

Castelao


La Guerra Civil española (1936-1939) hizo que la emigración aumentase y la lista de exiliados es gigante. México dio asilo político a numerosos niños de la guerra –Por ejemplo en Morelia- huérfanos cuyo único pecado eran ser hijos de quienes pensaban diferente a un Régimen Autoritario. Rusia apoyó al bando republicano en el conflicto bélico y después permitió que muchas familias salir del país y no fuesen fusiladas. Mientras Alemania e Italia eran files amigos de Franco y su ejército Nacional, mejor no preguntar a los vascos sobre Guernica porque basta con ver el famoso cuadro que pintó Picasso. Argentina o Venezuela recibieron  en esos tiempos inmigrantes procedentes de diversos puntos del planeta: España, Siria, Italia, Alemania… Muchos de ellos se encontraban en las mismas circunstancias que los gallegos: Se les había negado la libertad, el trabajo, la dignidad y no podían poner un plato sobre la mesa.

A Guerra Civil española (1936-1939) fixo que a emigración aumentase e que a lista de exiliados é enorme. México deu asilo político a numerosos nenos da guerra, orfos e cun único pecado, ser fillos de quenes pensaban diferente aos gobernantes franquistas. Rusia apoio ao bando republicano no conflicto bélico e despois permitiu a moitas familias sair do país e que non fosen fusiladas. Mentras Alemania e Italia eran amigos de Franco e o seu exército Nacional, mellor non preguntar aos vascos sobre Guernica. Arxentina ou Venezuela recibieron neses tempos inmigrantes procedentes de diversos puntos do planeta: España, Siria, Italia, Alemania... Moitos deles atopábanse nas mesas circunstancias que os galegos. Negóuselle a liberdade, o traballo, a dignidade e non podáin poñer un prato sobre a mesa.



Los niños de la guerra

Niñas después de un bombardeo en Zaragoza

Guernica, Picasso

Intelectuales gallegos exiliados

En el mejor de los casos la familia completa se iba y comenzaban una nueva vida en aquel continente desconocido. Lo más común era que se fuese el padre y en cuanto consiguiese el dinero suficiente, tras mucho esfuerzo y sacrificio, compraba el pasaje para su mujer e hijos. Podían pasar años sin ver a sus seres queridos, por culpa de la situación en la que se encontraba el país se perdían muchos momentos como podía ser ver crecer a sus primogénitos. El único contacto posible era enviarse cartas, las cuales serían revisadas por los secuaces de ese Régimen Autoritario que gobernaba España, tenían que ingeniárselas para que no censurasen y eliminasen la correspondencia al llegar al destino. Cualquier apología a la libertad, la felicidad de poder vivir en un país diferente o la mínima sospecha de ser de la oposición significaba que podrías ser interrogado o algo peor. En eso se basaba el territorio español, en el miedo.

No mellor dos casos a familia completa íbase e comezaban unha nova vida naquel continente descoñecido. O máis común era que fose o pai e en canto tivese cartos compraba a pasaxe para a súa muller e fillos. Podían pasar anos sen ver aos seus seres queridos, por mor desa situación na que se atopaba o país perdíanse o crecemento dos seus primoxénitos. O único contacto posible era enviarse cartas, as cales estarían baixo o punto de mira da censura. Calquer sospeita de oposición significaba destruir a correspondencia e someter a interrogatorios aos destinatarios. Niso se baseaba o territorio español, no medo.


El único contacto entre las familias


Mi familia no fue la excepción, tuvieron que separarse, hacer las maletas y tomar un barco hacia Argentina. Recuerdo una tarde lluviosa de otoño a mis once años en mi Galicia natal, estaba en la casa de la aldea de mi abuela –El equivalente a un pueblo de no más de 100 personas perdido en medio del campo- y subí al desván en busca de cosas antiguas ya que siempre me han llamado la atención. Había un gran baúl lleno de recuerdos de otra época, fotografías en blanco y negro y cartas destrozadas por la humedad típica de mi tierra. Me senté y comencé a revisar lo que tenía en mis manos aunque muchas de esas personas no las conocía o la letra era difícil de descifrar.

A miña familia non foi a excepción, tiveron que separarse, facer as maletas e tomar un barco hacia Arxentina. Recordo unha tarde de chuvia de outono aos meus once anos na miña Galiza natal, estaba na casa da aldea da miña avoa e subín ao faiado en busca de cousas antigas pois sempre me gustaron. Había un gran baúl cheo de recordos doutra época, fotografías en branco e negro e cartas con manchas da humidade propia da miña terra. Senteime e comecei a revisar o que tiña nas miñas mans aínda que moitas desas persoas non as coñecía ou a letra era difícil de descifrar.


Empecé por las fotografías de las cuales algunas eran de la década de 1920 e incluso anteriores. Pude ver hasta los padres de mis bisabuelos, todo un lujo fotografiarse en esos años, no sé las calamidades que tendrían que pasar para poder entregarle ese recuerdo a mi tatarabuelo antes de subir a un barco cuyo destino era Argentina. Aquel señor que vestía extraño, tenía bigote y era moreno jamás regresó a su patria. Trabajó hasta el fin de sus días en Buenos Aires para proporcionarle un mejor futuro a su familia. Había fotos de 1936, por ejemplo una amiga de la hermana de mi bisabuelo aparecía en medio del campo en el mes de abril con su vestido nuevo. Nadie se esperaba que en julio comenzase una Guerra Civil que enfrentó a hermanos, dejó miles de fusilados en las cunetas, separó familias con el exilio y condenó a un país a cuarenta años de represión, hambre, miedo e ignorancia.

Empecei polas fotografías das cales algunhas eran da década de 1920 ou anteriores. Incluso vin aos pais dos meus bisavós, todo o luxo fotografiarse neses anos, non sei as calamidades que terían que pasar para poder entregarlle ese recordo ao meu tataravó antes de subir a un barco con destino Arxentina. Aquel señor que vestía raro, tiña bigote e era moreno xamais regresou a súa patria. Traballou ata o fin fos seus días en Bos Aires para proporcionarlle un mellor futuro a súa familia. Había fotos de 1936, unha amiga da irmá do meu bisavó aparecía no campo no mes de abril cun vestido novo. Ninguén esperaba que en xullo comezase a Guerra Civil que enfrentou imáns, deixou miles de fusilados nas estradas, separou familia có exilio e condenou a cuarenta anos de represión, fame, medo e ignorancia.



Vigo (Pontevedra) en 1926

Vigo (Pontevedra) en la década de 1920

Abril de 1936

Principios del siglo XX

En las fotografías de la década de los cuarenta y los cincuenta se podían ver otros escenarios. Algunos miembros de mi familia se habían ido ‘’a hacer las Américas’’ o trabajaban en Europa, Reino Unido por ejemplo o Alemania. Desde niña sentí admiración por Latinoamérica y tenía ganas de visitar todos esos lugares, me fijé en aquel viejo Buenos Aires donde un señor rubio en traje se fotografiaba y mandaba noticias a los que se quedaron en su querida Galicia. Los mensajes que aparecían en el reservo estaban en clave para que no fuesen censurados, escribía frases como: ¡Estoy en la Pampa donde no hay ningún Paco (Francisco Franco)!.

Nas fotografías da década dos cuarenta e dos cincuenta podíase ver outros escenarios. Algúns dos membros da miña familia fórase facer as Américas ou traballar en Europa, Reino Unido por exemplo. Dende nena sentín admiración por Latinoamérica e tiña ganas de visitar eses lugares, fixeime naquel vello Bos Aires onde un señor louro en traxe se fotografiaba e mandaba noticias aos que quedaron na súa querida Galiza. As mensaxes que aparecían no reverso estaban en clave para que nos fosen censuradas, escribía fases como: ¡Estou na Pampa onde non jai ningún Paco (Francisco Franco)!

Un gallego recién llegado a Buenos Aires (1940)

Mar de la Plata en 1951

Mar de la Plata 1951

Buenos Aires en 1947
Familia de Argentina en la década de 1950

Mientras ellos estaban en un país con libertad y que en ese tiempo era próspero, el sueño de cualquier español, los que se quedaron a este lado del charco tenían que trabajar sin descanso para poder alimentar a sus hijos. En 1950 terminaron la casa en donde me encontraba yo en este momento, durante años fueron al río a recoger las piedras con las que estaba hecha, el barro y consiguieron la madera. Todos ayudaban, desde los vecinos a los más pequeños como mi abuela que no llegaba ni a los diez años. No era algo excepcional, en Galicia casi todos los de esa generación construyeron ellos mismos sus hogares sin conocimientos de arquitectura ni dinero. Era un orgullo poder ver finalizada la obra y así se veía en la fotografía que hicieron el día que pudieron entrar por la puerta principal. Era impresionante las diferencias que se veían entre una ‘’lareira’’ tradicional gallega y una cocina venezolana con todos los electrodomésticos necesarios. Aquí se seguía yendo al lavadero si querías tener ropa limpia, no había agua corriente y poder encender la luz suponía un lujo.

As realidades sociais e políticas dos dous países eran mi diferentes. En 1950 remataron a casa onde me encontraba eu agora, durante anos foron ao río recoller as pedras das que estaba feita, o barro e conseguiron a madeira. Todos axudaban, dende os veciños aos máis cativos. Non era algo excepcional, en Galiza case todos os desa xeración construiron eles mesmos os seus fogares sen coñecementos de arquitectura non cartos. Era un orgullo poder ver finalizada a obra e así se veía nunha fotografía o día que puideron entrar pola porta principal. Era impresionante o diferente que era unha lareira galega coa cociña venezolana da casa dunha amiga emigrada da familia. Aquí usábase o lavadeiro, non habñia auga corrente e poder prender a luz era un luxo.


Una amiga de la familia en Caracas (Venezuela) en 1953

La casa de la infancia de mi abuela (Pontevedra, 1950)

Una amiga de la familia muestra la cocina de su casa en Caracas (Venezuela) en 1953

Ejemplo de una lareira tradicional gallega, común en todas las casas

En la pila de papeles que encontré había de todo. Cartas de admiradores de mi abuela de la década de los sesenta, sus calificaciones del colegio que por cierto eran todo sobresalientes (Daba igual tener que levantarse a las seis de la mañana para llevar a pastar las vacas y después ir a clase, pasaba por delante de los hijos de los caciques), correspondencia de Argentina diciendo lo bien que vivían en el hemisferio sur, antiguas facturas o el carné de identidad de mi bisabuela donde ponía que se dedicaba ‘’a sus labores’’ y había una especie de visado que la autorizaba a viajar por la provincia de Pontevedra sin su marido.

No montón de papeis que atopei había de todo. Cartas de admiradores da miña avoa da década dos sesenta, as súas calificacións da escola que por certo eran casi todo deces (Daba igual ter que erguerse ás seis da mañá para levar ás vacas e despois ir a clase, pasaba por diante dos fillos dos caciques), correspondencia de Arxentina diciendo o ben que se vivía no hemisferio sur, antigas facturas ou o carné de identidade da miña basavoa onde poñía que se dedicaba ''as súas labores'' e había unha especie de visado que a autorizaba a viaxar pola provincia de Pontevedra sen o seu marido.

Y tres generaciones más tarde aquí estaba yo, en Buenos Aires tras sobrevivir a nueve horas de autobús con el aire acondicionado al máximo. Estaba contenta por poder conocer una parte tan importante de la historia gallega, la tierra que le dio la oportunidad de mejorar a mi familia entre otras muchas. Proporcionó estudios universitarios a hijos de labregos (Jornaleros o campesinos). Editó los libros en gallego que en España estaban censurados ya que renegaron nuestra lengua a un ‘’dialecto’’ del castellano cuando es más antigua que éste. Cómo no le vamos a tener un cariño especial los gallegos a Latinoamérica si compartió su pan con los forasteros, algunos de ellos preparados y otros muchos analfabetos pero con ganas de trabajar y progresar. Desde siempre Galicia ha sido una tierra de emigrantes, el gobierno central jamás se ha preocupado de esta comunidad autónoma del norte y hoy se siguen viendo las consecuencias, como si estuviésemos en Juego de Tronos y literalmente al otro lado del muro. La juventud continúa marchando hacia Reino Unido, Alemania o cualquier país que le ofrezca un trabajo y un porvenir, pero esta vez nos vamos con un título bajo el brazo. Los de la quinta de mis abuelos se fueron a Argentina -que desgraciadamente a partir de la década de los setenta entró en continuas crisis económicas, políticas y sociales-, los del baby boom (Década de los sesenta y setenta) partieron hacia Suiza y actualmente mis padres ven que se repite la historia con nosotros los jóvenes, nos despedimos en el aeropuerto con un billete de ida pero no de regreso. Normal que exista la idea de que todos los gallegos tenemos ‘’morriña de nuestra tierra’’.

E tres xeracións despois aquí estaba eu, no noso querido Bos Aires. Estaba contenta por coñecer esta parte da historia que as veces é esquecida e saber máis da terra que lle dou tantas oportunidades a miña familia entre outras. Proporcionou estudos aos fillos dos labregos, editou os libros escritos na nosa lingua mentras que en España dicían que era de ''bárbaros'' e afirmaban que era un dialecto do castelán cando o noso idioma é anterior. Como non vamos querer a Latinoamérica se comparteu o seu pan cós forasteiros, algúns instruidos e outros analfabetos. Galicia sempre foi a gran esquecida de España e hoxe a xuventude continúa facendo as maletas para marchar a Reino Unido ou Alemania, pero esta vez cun título baixo o brazo. Os da quinta dos meus avós cruzaron a Atlántico, os do baby boom partiron hacia Suiza e na actualidade meus pais ven como a historia se repite, e van despedirnos no aeroporto cun billete de ida pero sen volta. Normal que exista a idea de que os galegos ''temos morriña da nosa terra''.

El primer licenciado en Medicina de una familia de labregos (Caracas en la
década de 1950)

Buenos Aires era y es una ciudad cosmopolita, gigante donde viven personas de múltiples nacionalidades. Es muy común encontrarse con descendientes de gallegos, me encontré con numerosos restaurantes que se anunciaban en nuestra lengua y preparaban deliciosos
pulpos/polbos á feira. Me encantó esa mezcla de culturas o la libertad de poder decir lo que quieras y expresarte como desees sin temor a ser juzgado, algo que en un pueblo es más difícil porque todos están pendientes de la vida del vecino. Llegué a las siete de la mañana a la terminal de autobuses, caminé por las calles sin rumbo hasta que conseguí conectarme a una red wifi abierta y localicé el hostel (Don King Hostel) donde pasaría esa noche.

Bos Aires era e é uha cidade cosmopolita, xigante onde viven persoas de múltiples nacionalidades. É moi común atopar descendentes de galegos, encontreime con numerosos restaurantes que anunciaban os seus pratos na nosa lingua e preparaban deliciosos polbos á feira. Encantoume esa mestura de culturas ou a liberdade de poder dicir o que quieras e expresarte como desees sen temor a ser xuzgado, alfo que nun pobo pequeno é difícil pois todos están pendentes da vida do veciño. Cheguei ás sete da mañá á terminal de autobuses, camiñei polas rúas sen rumbo ata que conseguín conectarme a unha rede wifi e localicei o hostel (Don King Hostel) onde pasaría a noite.

Dejé mis cosas en una habitación para seis personas, me duché para volver a ser persona y me cambié de ropa. Unas horas más tarde quedé con un antiguo compañero de la facultad, unos años mayor que yo, para recorrer la ciudad. Así de pequeño es el mundo, unas semanas atrás había aterrizado en Buenos Aires con expectativas de quedarse y trabajar ahí porque en España eso ahora mismo es inviable. Después de mucho tiempo se reencontraron dos gallegos que estudiaban en Madrid, uno ya licenciado en sociología y la otra a punto de terminar la carrera.

Deixei as miñas cousas nun cuarto para seis persoas, ducheime e cambiei a roupa. Unhas horas máis tarde quedei cun antigo compañeiro da facultade, uns anos maior que eu, para recorrer a cidade. Así de pequeno é o mundo, unhas semanas atrás chegara a Bos Aires coa idea de quedarse e traballar ahí pois en España iso agora meses é inviable. Despois de moito tempo volvéronse a ver dous galegos que estudaban en Madrid, un xa licenciado en socioloxía e a outra a punto de rematar a carreira.

A pesar de que Buenos Aires es una ciudad llena de cemento, grandes edificios y calles repletas por la muchedumbre, cuenta con zonas verdes y la red de transportes no me pareció demasiado mala. Desde hace años el metro o las líneas de autobuses de Madrid son pésimas, se retrasan y están llenas de gente, está claro que el problema es de quien lo gestiona y los recortes que han aplicado.

A pesar de que Bos Aires é unha cidade chea de cemento, grandes edificios e rúas repletas de xente, conta con zonas verdes e a rede de transportes non me pareceu mala. Desde fai anos a liñas de autobús de Madrid dan noxo, sempre hai retrasos, claramente está mal xestionado e nótanse os recortes.













Allí pasé el Fin de Año y volví a comer asado. El día uno de enero lo dediqué a descansar, dormir y ver una parte del centro que no había visitado. Unas horas más tarde estaba subiéndome a un barco que me llevaría al otro lado del Río de la Plata, Colonia (Uruguay) que ya contaré en la siguiente entrada. Espero ponerme pronto frente la pantalla del ordenador y escribir el siguiente capítulo de mi aventura por Latinoamérica.

Alí pasei o Fin de Ano e volvín comer asado. O día un de xaneiro o dediqui a descansar, durmir e ver unha parte do centro que non vira. Unhas horas máis tarde estaba subíndome a un barco que me levaría ao outro lado do Río da Prata, Colonia (Uruguai) que xa contarei na seguiente entrada. Espero poñerme pronto fronte a pantalla do ordenador e escribir o seguinte capítulo da miña aventura por Latinoamérica.

Dos gallegos en Buenos Aires celebrando Fin de Año. Sí, ignoremos mi cara que muestra los efectos del Fernet

Desde el barco, adiós Buenos Aires

1 comentario:

  1. Como de constumbre un magnífico reportaje, espero con ansia la etapa de Uruguay donde tengo familia y amigos, un abrazo amiga y cuidate ; ))

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