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martes, 19 de mayo de 2015

#Día 20: Mi llegada a Brasil.

Día 20: Pelotas, Porto Alegre, Florianópolis, São Paulo, Río de Janeiro y Foz do Iguaçu. (Brasil)




Llevaba 20 días alejada de Viña del Mar (Chile) -Nos separaban 2.330 Kilómetros-, más de dos semanas cargando con mi mochila y contaba con toda la energía del mundo para proseguir con mi viaje. El nueve de enero tomé en Chuy (Uruguay) el autobús que me llevaría a la ciudad de Pelotas. A los quince minutos de subir ya estábamos en la aduana, casi pisando suelo brasileño. Llovía mucho, así que el conductor nos pidió la documentación y sólo bajó él, se mojó durante 20 minutos hasta que le hicieron caso. A ver quién hace eso; en España seguro que esperarías el doble de tiempo y un burócrata se reiría de ti. Pues así de fácil ya tenía otro sello en el pasaporte. Estaba en el país de la samba. 



No pude evitar hacer el chiste fácil

Mis planes eran llegar a Brasil el diez de enero y no el nueve, así que ese día dormí en un hostel que busqué al llegar a la terminal de Pelotas. Fue caro, 15 euros, pero era nuevo, la atención fue excelente, podíamos tomar toda la comida que quisiésemos y no había casi nadie hospedado. En esa ocasión compartí habitación con dos chicas de Letonia; sí, estaba a tropecientos kilómetros de Europa y fue a encontrarme con dos de un país que nosotros ignoramos completamente. No sé qué rayos hay en esas tierras.


Al día siguiente, la Couchsurfing brasileña me fue a buscar. Era una joven enfermera, simpática, con una sonrisa permanente en la cara y agradecí que me educasen en dos idiomas porque comprendía perfectamente el portugués. Para quien no lo sepa, Galicia y Portugal estuvieron unidos hasta 1128, conformaban un Reino que abarcaba desde el actual territorio gallego hasta O Porto y se hablaba Galego-portugués (Más información). Por ello ambos idiomas son muy parecidos, nacieron del latín y desmiente todas las tonterías que dicen algunos españoles al tachar nuestra lengua de dialecto del castellano. Sugiero que agarren un libro de historia y  se den cuenta de la barbaridad que están diciendo. Nuestro pueblo por lo tanto siempre ha estado más vinculado a Portugal que a Castilla, todavía a día de hoy está todo mezclado, y tan mezclado... mi primer apellido es portugués y obviamente mitad de mi familia proviene de ahí.

Me llevó a comer a un restaurante cerca a su casa, comí arroz con frango (Pollo) y sabía a gloria ya que estaba muerta de hambre. No me dejó pagar, hablamos mucho como si nos conociésemos desde siempre y pude recordar mis conocimientos de portugués. Después me mostró la ciudad, me invitó a unos trozos deliciosos de tarta, tomamos muchas fotografías y me contaba detalles de todos los lugares que visitábamos. Ella había nacido en la frontera con Uruguay pero se mudó cuando empezó la Universidad que por cierto estudiaba y trabajaba al mismo tiempo para poder costeárselo.
















Me presentó a su encantadora familia, cocinaron comidas típicas de la zona y yo les improvisé una tortilla española; me lo pasé genial con ellos. Eran de esa clase de personas que te inspiran confianza a los cinco minutos de haberlos conocido. Me llevaron hasta la playa, a diferencia que en Galicia el agua aquí estaba caliente y no había excusas para no bañarse. Y para no variar, tomar un mate era obligatorio.


Intentando no quemar cocinas ajenas...


¡Qué aproveche!


Playa Laranjal


La vida del estudiante es muy dura...


Me dio pena despedirme después de haber pasado cuatro días con ella, pero mi aventura continuaba. De la noche a la mañana era otro miembro más de su familia, sentí su cariño y de verdad que me parecieron unas hermosas personas. Incluso me emocionó la referencia que me dejó en mi perfil de Couchsurfing.


Selfie sin toro (Una larga historia). ¡Gracias por todo familia!


¡Muchas gracias por todo Cibele!


Mi siguiente destino era Porto Alegre después de seis horas sentada en un autobús. Llegué por la noche así que tomé un taxi porque no tenía ni idea de dónde estaba el hostel, no había internet e información turística había cerrado ya. En recepción me atendieron de forma muy amable, el chico hablaba español y portugués. Me pasó algo gracioso con él y el taxista, no tenía cambio para pagarle a este último así que entró conmigo por lo que el recepcionista no sabía en que idioma hablar. El precio estaba bien y las habitaciones eran para cinco personas, en la mía solo tres: una madre, su hija adolescente y yo. Dato importante: Había aire acondicionado.

Me quedé tres noches allí, visité toda la ciudad y puede ver una parte de Brasil que no me gustaba: La gran desigualdad social. Pasada cierta hora en las calles se exhiben como pedazos de carne muchas mujeres que no tienen más remedio que prostituirse para ganar dinero, hay muchas personas que mendigan, otros que viven en la calle y algunos que claramente tienen un problema con la droga. El gobierno los vuelve invisibles y parece que están más ocupados en Copas Mundiales de fútbol que en el bienestar de sus ciudadanos, espero que pronto se apliquen verdaderas políticas de igualdad y que se erradique la pobreza.




El Principito en portugués










El día 15 de enero me fui para Florianópolis. Al salir del hostel me encontré con unos chicos uruguayos que también se habían alojado ahí, ellos viajaban en coche y me acercaron hasta la terminal. En ese trayecto hablamos de política, sobre Mujica, el auge de Podemos en España, las dictaduras que desgraciadamente sufrieron nuestros países… Me encantó poder charlar sobre todo eso, se nota que soy socióloga.

Después de once horas de viaje llegué a Florianópolis, hice un nuevo amigo argentino (Le hablé porque estaba leyendo Mi padre de Pablo Escobar) y los dos nos mosqueamos cuando el autobús se retrasó una hora y media por culpa de un puente en construcción. Puede contactar con el Couchsurfing que me iba a hospedar dos días y me fue a buscar a la terminal a las doce de la noche sin ningún tipo de problema. Fue con unos amigos y me llevaron en coche hasta su casa, habitada por jóvenes estudiantes. Me recibieron con churrasco y conocí a muchas personas interesantes, por ejemplo mi anfitrión y uno de sus amigos se habían ido de intercambio un año a Australia. Estuvimos de juega hasta las tantas, había dormido en el autobús y me gustaba estar rodeada de gente de mi quinta que contaba historias interesantes.


Dos tipos agonizando en un autobús...





El 16 de enero visité Florianópolis siguiendo las indicaciones de mi Couchsurfing, las imágenes hablan por sí solas. Es precioso y comprendo que sea tan turístico.








Y mi último día en su casa, el 17 de enero, me llevó a la playa junto un amigo suyo con la intención de enseñarme a hacer surf. Todo quedó en buenas intenciones porque continúo siendo bastante torpe. Me cayó muy bien mi anfitrión, él mejoró su español y yo recordé mis conocimientos de portugués, hasta terminamos haciendo un trato. Para costearse sus estudios está vendiendo camisetas diseñadas para jóvenes viajeros, me encanta la que le compré.






Os dejo el enlace de su página de Facebook a modo de publicidad: NUC Clothing

De Florianópolis a Sao Paulo fueron doce horas, viajé por la noche y dormí perfectamente debido al cansancio que tenía. Llegué por la mañana y tomé el metro para llegar al hostel donde había reservado una cama. Una mujer joven me dejó su asiento para que dejase en el suelo mi mochila, se lo agradecí. Frente a mí había un gran cartel anunciando que pasadas las doce de la noche los vagones se dividen por sexos: Unos para hombres y otros para mujeres. El objetivo era intentar reducir el número de violaciones que se producían en esa gran ciudad y que ante esta situación se denuncie a las autoridades. Es chistoso la forma de tratar estos temas, se enseña a las mujeres cómo protegerse y que no sean víctimas en lugar de que los hombres aprendan a comportarse como tal y no sean animales. Es un enfoque que me parece digno de ser analizado, por supuesto me sale la vena sociológica. 

Fueron muy amables conmigo en el hostel, situado en un barrio obrero de los muchos que componen esta ciudad del ladrillo. Me atendió una mujer uruguaya con mucho mundo, había vivido en un montón de países entre ellos España debido a la dictadura que sufrió su patria. La habitación en la que me quedé parecía un barracón de la Segunda Guerra Mundial, las camas tenían tres pisos, pero era barato. 





Sinceramente Sao Paulo es un lugar prescindible, una ciudad con muchísima gente, grandes edificios, agobio por todas las calles, numerosas personas sin hogar... Me ocurrió uno de los peores sucesos de mi viaje; en un momento dado me perdí en medio de sus callejones laberínticos.  No sabía donde estaba, caminaba por una acera repleta de vagabundos y personas que evité mirar, mi intención era salir de ahí lo más rápido posible. La suciedad aumentaba, el ruido, las fachadas destrozadas y la ausencia de autobuses o taxis me pusieron nerviosa. Llegué a una gasolinera, le pregunté al empleado cómo regresar al centro. Me miró preocupado, dijo que por ahí no había servicio de transportes y que los taxis no se atreven a pasar. La única opción que tenía era caminar por el borde de una autovía. De repente un hombre me agarró un brazo, insistía en que me fuese con él en su coche y me dejaría donde quisiese. Manteniendo la calma y con una sonrisa le dije en portugués que era muy amable pero que no, buscaría otra solución. No me soltó, el de la gasolinera me defendía pero tampoco se quería entrometer en este asunto. Si le hablaba mal no sé qué me haría, no ganaba nada diciéndole a aquel cretino lo que pensaba y que ni loca me subiría en su coche. Pronto llegó mi salvador, otro hombre de unos cuarenta años le quitó la mano de mi brazo y dijo que me dejase en paz. Contó que estaba echando gasolina con su familia y que pasarían por el centro para dejarme, ya que aquel barrio era peligroso. No tenía más opción y viajaba con su mujer y tres niños de menos de diez años. Las probabilidades de que fuese un psicópata eran menores. Fueron encantadores. 











Estuve unos tres días en la ciudad, como ya he dicho fue una parada técnica. Compré mi billete para Río de Janeiro, a donde llegué a las nueve de la noche. Tomé un taxi y me quedé en el hostel más barato, un auténtico asco, el peor sitio en el que he dormido. La cocina producía ganas de vomitar, había bichos y olía mal. Dormí con una ´´loca´´americana cuya risa me inquietaba, un australiano quemado por el sol y que estuvo en un montón de países, unas argentinas jóvenes que estudiaban Medicina en Buenos Aires... en total ocho personas durmiendo en dos metros cuadrados. Sí, las camas tenían cuatro pisos y no había aire acondicionado. Por las noche no podía dormir, era como si estuviese en la ducha, jamás había sudado tanto. 


Creo recordar que en total estuve tres días en Río de Janeiro, de los cuales uno llovió y los otros dos había niebla. No fue la mejor época del año para ir. De todas formas me gustó mucho y haber evitado los sitios más turísticos. Por ejemplo, en Copacabana comí en un pequeño bar que estaba lleno de gente local, no turistas con las visas preparadas, charlé con un brasileño de unos 60 años que me contó cosas de su juventud. Terminó pagándome el menú, que incluía arroz y fango, no aceptó mi dinero. 




















Mi último destino de Brasil era Foz do Iguaçu, compré mi boleto de autobús y me hice a la idea de que serían 23 horas en la carretera. Sobreviví, pero fue duro soportar el aire acondicionado al máximo y no tener nada para taparme. Por suerte mi compañera de asiento compartió un fular que tenía, adoro la gente de este país. 


Me fue a buscar a la terminal un hombre de unos 35 años con el que había contactado por Couchsurfing y me alojó dos días en su casa. Siempre tenía en su casa a gente de otros países, le gustaba mucho conversar y compartir con los demás. Su familia tenía un restaurante y me invitó a comer allí. Me dio todas las indicaciones necesarias para llegar hasta las cataratas y la reserva de aves, también cómo podía pasar al lado argentino pero no tenía tanto dinero para pagar las dos entradas. Me dejó las llaves de su casa, él fue a trabajar y yo visité uno de los lugares con los que siempre había soñado.














Después fui a la Reserva de Aves, justo al lado. Mientras hacía la cola para pagar mi entrada escuché a unos españoles y comencé a hablar con ellos. Era una madre, su hijo y la novia alemana de éste. Los chicos estaban recién licenciados, él era ingeniero civil y ella bióloga y ambos estaban trabajando en Sao Paulo. Era la primera vez que veía a su madre en un año, cuando hizo las maletas y dejó Madrid en busca del futuro que su país le negaba. Pero no cruzó el Atlántico solo, la chica alemana había estudiado el último año (Erasmus) de Biología en la Universidad Autónoma de Madrid por lo que se conocieron y decidieron venir a trabajar a Brasil. Es la historia de otros muchos jóvenes, que salieron de mi país con un billete de ida pero no de vuelta, como también ocurrirá conmigo el año que viene cuando me licencie. 






Al día siguiente fui hasta el marco de las tres fronteras, me confundí de autobús pero el conductor se desvió y me dejó en la parada que correspondía para que pudiese tomar el correcto. Esperé casi una hora al sol y aguantando las miradas de muchos, me arrepentí de llevar vestido. Cuando me senté en el autobús fui conversando con una mujer de Río de Janeiro que estaba allí de viaje, fue muy amable y además simpática. 




¡¡ESTOY EN TRES SITIOS A LA VEZ!!.
A mi derecha: Argentina, a mi izquierda: Paraguay y yo en el lado brasileño

Después fui a Itaipubinacional, la mayor hidroeléctrica del mundo.









Fui a cenar con mi couchsurfing y un amigo suyo, de nuevo no me dejó pagar la cena. Hablamos de muchas cosas y le agradecí todo lo que había hecho por mí. Era una persona muy interesante, incluso estuvo viviendo en Japón una temporada. Al terminar me dejaron en la terminal de autobuses, mi próximo destino era Asunción (8 horas de viaje más o menos). No tenía claro qué había en Paraguay y mi tiempo era limitado, por lo que fui directamente a la capital. El autobús era muy cómodo y esta vez había mantas. Pronto pasamos la aduana, el sello es rojo a diferencia de los otros países. Me volví a sentar, me tapé con la manta y tardé dos minutos en quedarme completamente dormida. Desperté en Asunción mientras el conductor me balanceaba y se reía porque era incapaz de que reaccionase. 


Espero que muy pronto pueda escribir el siguiente capítulo de mi aventura de Latinoamérica. Y adelanto que Paraguay, pese a mis ideas preconcebidas, me sorprendió gratamente y fue una experiencia divertida.

2 comentarios:

  1. Si visitas Ecuador escríbenos vivecovita@gmail.com

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    1. Espero que pronto pueda visitar Ecuador y muchas gracias por la información.

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