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lunes, 7 de septiembre de 2015

#Día 43: Norte de Argentina

Mapa del Norte de Argentina

Continuamos contando las andanzas de mi aventura en Latinoamérica, habían pasado ya 43 días desde que salí de Viña del Mar con mi mochila. Después de mi imprevisto en Paraguay (Dale aquí para ver la entrada), que me hizo quedar más tiempo en un país del que no sabía nada y guardaba pocas esperanzas, me subí en un autobús que se dirigía a Corrientes (Argentina) y de ahí a Salta.

Tuve que esperar doce horas en el terminal de Corrientes, llegué cerca de las nueve de la mañana. No sabía cómo entretenerme, aquel lugar era de paso y no tenía nada que hacer. Aproveché para comer carne argentina que es fantástica, localicé un restaurante cercano y pedí lomo con patatas. La atención fue muy mala, la señora que tomaba nota de los pedidos no estaba atenta y se confundió. Después me discutía diciendo que era yo la que no me enteraba de nada, llamé a la encargado y espero que la pusiese en su lugar. Algo bueno de Argentina es que siempre hay internet, había una sala de espera en el terminal con enchufes y una conexión Wifi pésima pero que te salvaba del total aburrimiento. Al lado de mi asiento había un indigente, un guardia lo echó a la calle lo que me pareció un tanto injusto porque no estaba molestando a nadie. 

Unas horas más tarde apareció un niño con una Nintendo DS, jugué con el a Pokemon y recordé mi infancia con mi amada Game Boy Color y la revolución que supuso ésta en la década de los noventa. Todos queríamos ese aparato, nos cansamos de pedirlo a nuestros padres, rompimos nuestras huchas, dejamos la vista en la pantalla, adorábamos esa insoportable música y sufríamos cuando íbamos en el coche por la noche y solo podía jugar con la luz de las farolas. Me encantaba el acento de aquel niño y lo simpático que era. 

Llegó mi autobús, me atendió muy mal un hombre que trabajaba en el terminal y me dijo que si no sabía el andén no era su problema. Nunca me había encontrado un argentino tan pelotudo. Fueron muchas horas en el autobús hasta llegar a Salta. Pasé mucho frío porque no había mantas y el aire acondicionado estaba a tope. En una de las paradas le pedí al conductor que me dejase acceder a mi mochila y sacar una chaqueta, para mi desgracia me encontré con el mismo pelotudo que el de la estación y se negó. Después de explicarle y decirle que le podría una queja, su nombre estaba en la camiseta, cedió pero solo podría sacar ropa si mi mochila estaba por arriba y no debajo de todas las maletas. Tuve suerte y me puse un pantalón largo y una sudadera. 

Camino a Salta

Me quedé dormida, desperté cuando casi estábamos en Salta porque una pareja hablaba vasco muy alto. Me puse a hablar con ellos, estaban trabajando en Buenos Aires desde hacía dos años porque en España no estaban en paro y hartos del país. Llegamos a Salta y nos dirigimos a la oficina de turismo para que nos diesen un mapa de la ciudad gratis. Busqué con ellos un hostel, fueron diez minutos caminando. Me registré sin haber hecho reserva y me pusieron en una habitación con otras tres chicas argentinas, de la capital. 

Salta es un destino muy turístico y solicitado, de hecho la llaman Salta La Linda. Caminé por el centro de la ciudad y fui en el teleférico para ver todo desde la montaña, pero bajé andando y después un grupo de argentinos de entre 18 y 22 años se pusieron a hablar conmigo, en este país todos tienen mucha labia. No volví a ver a la pareja vasca, no tengo ni idea de dónde se había alojado. 


Centro de Salta

Centro de Salta
Teleférico

Salta a mis pies

Lo último que hice esa tarde fue ir a una zona con un río, San Lorenzo, tomé un colectivo (Autobús urbano en Argentina). Cuando llegué saqué mi cámara de fotos e hice algunos experimentos, una señora me vio y me preguntó si trabajaba para alguna revista. Me reí y le contesté que solo era aficionada, que estaba viajando y era estudiante. Debí de caerle bien y me ofreció asado, no pude decirle que no y me vi comiendo tercera argentina gratis y rodeada de una amable familia. Era domingo y muchos aprovechaban el tiempo para disfrutar de la naturaleza. Hablando con la señora más tarde me contó que su hija mayor, de 24 años, estaba en Perú viajando con su mochila y que le gustaría que a ella también la tratasen bien. Me encantó esa filosofía, su sencillez y ese trato tan cercano que te dan en Argentina. Amo este país.

Quebrada de San Lorenzo

Volví al hostel y contacté con mi familia para dar señales de vida. Tenía un aspecto muy cansado, me duché y fui a dormir. Por la mañana me levanté temprano para aprovechar el desayuno incluido en el precio. Recogí mis cosas y me dirigí a la recepción para pagar, no tenía la cartera y no aparecía por ningún sitio. Volví a la habitación, ya vacía. Encontré mi pasaporte y mi cartera tirada en una esquina, faltaban los pesos y dejaron los euros (Algo estúpido por su parte). Mi primer robo, realizado cuando me fui el día anterior diez minutos a la ducha. Por la noche dormí con la mochila y ERROR, di por hecho que estaba todo. No fui mucho dinero, 20 euros pero por supuesto que fastidia y no tenía cómo pagar la habitación. El dueño supo que decía la verdad, lo vio en mi cara y no era la primera vez que ocurría. Dijo algo así como: ´´Si por mi fuese podría un cartel de prohibido porteños al lado del de los perros´´. No me gusta generalizar, simplemente me encontré con malas personas. Menos mal que me dejaron ir sin pagar, usando la tarjeta en Argentina me cobran muchas comisiones.

En el terminal de autobuses pagué con tarjeta y me fui a Jujuy. A mi pesar no tenía dinero, por lo que solo iría de pasada. Una auténtica lástima pero debía llegar a La Quiaca, la ciudad más cercana a la frontera boliviana. Fueron unas cuantas horas de autobús y al llegar a Jujuy justo salía un autobús a La Quiaca, pagué en euros negociando el precio. Después de todos esos incidentes llegué a la frontera con Bolivia, estaba emocionada y algo cabreada por el tema del robo y mi imprudencia... pero de todo se aprende. En la próxima entrada hablaré de mi paso por Bolivia, hasta pronto.



Jujuy

Mapa de La Quiaca

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