Translate

Google+ Badge

miércoles, 9 de septiembre de 2015

#Día 45: Llegada a Bolivia. Villazón y Potosí.

Bolivia


Continúo contando mi aventura por Latinoamérica con una mochila a mi espalda, bajo la emoción de un nuevo viaje, en menos de 24 horas estaré en Marruecos; pero ya contaré mi experiencia en mi primer contacto con el continente africano. En esta ocasión, hablaré de mi paso por suelo boliviano y comparto lo que escribí en mi Facebook: 

- Día 45: Mis últimas 24 horas han sido peculiares pero lo importante es que ya estoy en suelo boliviano. Lo primero que hice ayer al despertar fue comer lo máximo posible del desayuno que incluía el hostel de Salta, después recoger mis cosas e irme a Jujuy. 

Tardé dos horas en llegar y compré mi boleto para la ciudad más próxima a la frontera (La Quiaca a 4 horas y media de allí), Bolivia es barato así que en cuanto llegase compraría otro billete para ir a donde me interesaba y no gastar un dineral en Argentina. Cuando llegué a La Quiaca (Argentina) debía pagar un taxi para que me dejase en el puente donde se encontraba la aduana, estaba a cinco minutos de la terminal. No me quedaban pesos y no quería sacar dinero de un cajero y que me cobrasen comisiones. Tenía la opción de subir sin dinero y poner mi mejor sonrisa o caminar bajo la lluvia sin saber a dónde dirigirme. Hice lo primero. El tipo empezó a hablarme haciéndose el simpático, me preguntó si estaba soltera porque ''era muy linda'' y a hablarme de tópicos de España. Cuando le pregunté cuánto dinero le debía me dijo que nada, no tuve ni que inventarme algo o darle lo poco que me quedaba. Cojonudo.

Puse la cara más amistosa que pude en el control de inmigración y estamparon en mi pasaporte dos sellos más para la colección. Me advirtieron de que había muchos choros (Ladrones) y que no hablase para que no notasen mi acento. Volvía a tener que decidir, llegar a la terminal de Villazón caminando bajo la lluvia o pagar un taxi como un burgués. Está claro lo que hice, saqué mi poncho de emergencia -Un chubasquero que me acompaña desde los doce años-, tapé mi mochila, metí los pies en un charco con barro para que mis Nike (Compradas en Chile gracias a una oferta) estuviesen asquerosas, me cubrí la cara con la sudadera al estilo etarra y me hice un ''chicho'' enroscando el pelo en un lápiz a falta de coleteros para que no se viese mi rubio de bote. Y con esas pintas recorrí mis primeros dos kilómetros bolivianos, intentando recordar lo que aprendí en kárate hace años por si alguien me molestaba, yo por mi hija (La cámara de fotos) mato.Tras preguntar a varias personas llegué a la terminal, salía un autobús para Potosí en menos de media hora pero no tenia efectivo. Pregunté si podría pagar con una mastercard y su cara fue como si hubiese dicho con sangre de unicornio. Salí de nuevo a la lluvia en busca de un cajero automático y pagar los 3'90 euros que costaba el pasaje - pero por un trayecto de 8 horas-, cuando lo encontré me llevé la alegría de que no me cobraban comisiones (¡Viva Nova Caixa Galicia o como se llame ahora!). Quedaban diez minutos para irme, tiempo suficiente para comprar algo de comer, mi menú fueron unas manzanas que le compré a una ''señoriña'' después de negociar el precio, pan y una botella de agua que me salió gratis porque el tipo había estado en España trabajando con gallegos. Dijo que se negaba a cobrarle a alguien de Pontevedra, porque éramos buena gente, leales, trabajadores, humildes y sinceros. Insistí en darle el dinero pero no me hizo caso y antes de irme su madre me echó unos cuantos rezos y bendiciones, soy atea pero agradezco la buena intención.

Empapada, con el billete del autobús hecho bosta por la lluvia, me senté y puse cara de ''pobre extranjera a la que se le ha roto el boleto'', el conductor dijo una pelotudez tan grande como: ''Te dejo pasar pero porque eres rubia (De bote pero bueno)''. Mi asiento era el número 44, no existían, pasaban directamente del 42 al 45... Me sentí como cuando Harry Potter preguntaba por el andén 9 y 3/4 y nadie lo veía. En fin, cuando vinieron a reclamar su lugar las personas a las que le correspondía el 45 me hice la dormida, así se cambiaron ellos. Y como último golpe de suerte, comencé a hablar con la señora que se sentaba a mi lado y le dio pena que me tapase sólo con dos toallas del Decathlon... Me dejó el típico poncho de lana de llama este país. Y durante las próximas ocho horas dosifiqué el agua que bebería porque no había baño en el autobús.

A las cinco y media de la mañana llegué a la terminal de Potosí, justo cuando amanecía. Pregunté y me indicaron qué autobuses me llevarían al centro, pagué 1,5 bolivianos (20 céntimos, el castigo fue que en la radio sonaba Álex Ubago) y me alojé en el primer hostal que pareció por el módico precio de 4,5 euros por una habitación privada. Y así se resumen mis últimas 24 horas, la travesía que me ha llevado desde Argentina a Bolivia. Me encanta este viaje porque cada día es totalmente diferente al anterior. -

Estaba en Potosí, después de esa odisea. Me alojé en un modesto hostal por cuatro euros y una habitación individual. Estaba enferma, tenía fiebre y salí en busca de una farmacia. Encontré un puesto con libros, no pude evitar comprar varios a precios que resultaban de risa. La señora no sabía ni qué vendía. Cuando regresé me puse a leer en la entrada del hostel y me pasó algo muy extraño, de repente se sentó a mi lado una chica catalana que también se llama Laura. No tenía ni idea de que mi amiga estaba ahí a ella también le habían dado una beca y estudiaba en Chile. Yo llegaba y ella se iba de Bolivia hacia Argentina. El mundo es un pañuelo.

Una catalana y una gallega se encuentran en Potosí. Dos Lauras por el mundo.


Por la tarde caminé por la ciudad, marcada por su pasado minero y de hecho muchos siguen viviendo de ella. En una plaza un señor se puso a hablar conmigo, contándome parte de la historia del país. Fue muy amable y decía que le gustaba mucho poder conversar con extranjeros. 

Potosí

Potosí

Potosí

Potosí, centro


Más tarde contraté un tour, por seis euros visitaría una mina por dentro y en pleno funcionamiento. Iban dos chicas conmigo, chilenas que estudiaban en Santiago pero eran de Valdivia. Nos lo pasamos muy bien y la experiencia fue magnífica. La guía nos llevó por lugares por los que nunca pasaban, me encantó que fuésemos la excepción. 

Fernanda y Macarena, chilenas, aprendiendo quechua.



Preparada para entrar en la mina

Entrando en una mina activa desde la Colonización


Tomando Alcohol Potable (96 grados)

Zinc y plata


Dios de la mina y ofrendas: Bebidas, alcohol potable u hojas de coca


Trabajador de la mina


Por la noche quedé con las chicas chilenas que había conocido, a pesar de la lluvia. Al día siguiente tomé el autobús y volví al terminal, comí en un restaurante de ahí lo típico boliviano: Arroz, pollo y patatas. Partí hacia Uyuni, creo que fueron ocho horas pero tenía libros. En la siguiente entrada contaré mi mejor tour en Latinoamérica, en el que descubrí uno de los mayores salares del mundo.

Rumbo a Uyuni

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada